Manifestando desde las neurociencias

Imagen de Montserrat Montaño

Montserrat Montaño

Psicoterapeuta Tanatóloga

MISTICO Y MÁGICO… el combo irresistible. La curiosidad humana nos atrae como moscas a la miel a todo aquello en donde la responsabilidad esta fuera de nosotros y es delegado al universo con un halo de misticismo.

Sin embargo, hoy las neurociencias nos permiten comprende que manifestar no es magia, sino un proceso ligado al funcionamiento del cerebro, las emociones y la conducta humana. Hoy quiero enseñarte a entrenar a tu cerebro para identificar, priorizar y ejecutar acciones alineadas con una intención clara, congruente emocionalmente y fortalecida por la experiencia.


Seguro has escuchado la frase de Carl Jung que dice “Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, el subconsciente seguirá dirigiendo tu vida y tú le llamaras destino.” y es que el 90%-95% de nuestras decisiones, conductas y respuestas emocionales se origina en proceso inconscientes. Tú crees que decides conscientemente, pero eso sería insostenible. Es por ello que tu cerebro realiza casi todo como si fuera una aplicación en segundo plano de tu celular. Trabaja de manera autónoma e instintiva basándose en lo aprendido y el material inconsciente.
Por practicidad utilizaremos los mismos pasos que ya conoces para manifestar y te daré una explicación breve y lo más sencilla posible de su equivalente en neurociencias (el cerebro es complejo).


Decretar: Manifestar no empieza con “pedirle al universo”, sino con definir una intención clara y concreta. El cerebro necesita precisión. Cuando una persona dice: “Quiero estar mejor”, el sistema nervioso no tiene un mapa claro. En cambio, cuando la intención es específica —por ejemplo: “Quiero sentirme tranquilo al hablar en público”—, el cerebro puede comenzar a organizar la atención, la memoria y la conducta hacia ese objetivo.
La corteza prefrontal, encargada de la planificación y la toma de decisiones, se activa cuando establecemos metas claras. Según el neurocientífico Antonio Damásio, esto explica por qué una intención sin emoción rara vez se manifiesta. El cerebro prioriza aquello que tiene carga emocional, ya que la emoción indica relevancia para la supervivencia y el bienestar.


1)Decretar: Manifestar comienza con definir una intención clara y concreta. El cerebro necesita precisión. Cuando una persona dice: “Quiero estar mejor”, el sistema nervioso no tiene un mapa claro. En cambio, cuando la intención es específica —por ejemplo: “Quiero sentirme tranquilo al hablar en público”—, el cerebro puede comenzar a organizar la atención, la memoria y la conducta hacia ese objetivo.


La corteza prefrontal, encargada de la planificación y la toma de decisiones, se activa cuando establecemos metas claras. Es como el buscador de tu PC, entre más precisa y clara sean los criterios de búsqueda, más exactos y mejores los resultados que te arrojara.


Te daré un ejercicio muy sencillo. Observa a tu alrededor y cuenta objetos rojos. ¿Cuántos contaste? ¿Había objetos amarillos? ¿Cuantos? Puede que recuerdes algunos, pero tu cerebro no le dio importancia porque estaba ocupado buscando cosas rojas. Ahora observa de nuevo y cuenta objetos amarillos. ¿Cuantos viste? ¿Cuantos objetos rojos nuevos descubriste? Entiendes? ¿Porque viste cosas rojas mientas buscabas amarillas?… porque tu inconsciente ya tenía la atención en el rojo. Sin darte cuenta el comando real era “Busca cosas rojas y amarillas”. Magia… nah, solo una explicación de porque cuando no has trabajado en ti, crees que buscas una cosa y terminas encontrando lo que tu inconsciente está programado para buscar. ¡Adorado, perfecto y complejo cerebro… lo amodio!


2)Visualizar: Uno de los hallazgos más importantes de las neurociencias es que el cerebro activa redes neuronales muy similares cuando una experiencia es real y cuando es intensamente imaginada. Esto ha sido demostrado en estudios de neuroimagen funcional, donde se observa que al imaginar una acción (por ejemplo, tocar un instrumento o practicar un deporte), se activan áreas motoras y sensoriales reales del cerebro.

Donald Hebb, neuropsicólogo canadiense dice que cada vez que pensamos de manera repetida en una meta, acompañada de emoción (congruente con lo que lograr esa meta produciría), estamos fortaleciendo circuitos neuronales específicos. En términos simples: el cerebro aprende aquello que practica, incluso si esa práctica ocurre primero en la mente.


Una intención sin emoción rara vez se manifiesta. El cerebro prioriza aquello que tiene carga emocional, ya que la emoción indica relevancia para la supervivencia y el bienestar y eso nos lleva al siguiente punto.


3) Todo en presente, como si ya lo tuvieras y vibrando en sintonía: Uno de los errores más comunes al intentar manifestar algo es hacerlo desde el miedo, la carencia, la suplica, la desesperación y la tristeza. Las neurociencias muestran que el cambio real ocurre cuando pensamiento y emoción están alineados.


La amígdala y el sistema límbico participan activamente en el aprendizaje emocional. Cuando una intención se acompaña de emociones como esperanza, gratitud o ilusión, el cerebro libera neurotransmisores como dopamina y serotonina, que facilitan la motivación y la repetición de conductas.


Ejemplo: Si una persona desea cambiar de trabajo, pero cada vez que lo piensa siente miedo, ansiedad o culpa, el cerebro asocia ese objetivo con peligro. En consecuencia, activa mecanismos de evitación. En cambio, si esa persona trabaja emocionalmente el miedo y logra conectar el cambio con sensaciones de crecimiento o alivio, el cerebro comienza a percibirlo como una posibilidad segura. Y entonces tu cerebro realmente avanzar hacia ello y activara el “buscador” de tu cerebro para procurar que se logre.


Este “buscador” del que te he hablado es lo que conocemos como Sistema de Activación Reticular (SAR), una red neuronal ubicada en el tronco encefálico que actúa como filtro de la información. El cerebro recibe millones de estímulos por segundo, pero solo registra conscientemente aquellos que considera relevantes.


Cuando una persona define una intención clara, el SAR comienza a “resaltar” oportunidades, personas y situaciones relacionadas con esa meta. Es el mismo fenómeno que ocurre cuando alguien compra un auto nuevo y, de pronto, empieza a ver ese modelo por todas partes. No es que aparezcan más autos, sino que el cerebro ahora los considera importantes.


Manifestar, entonces, no es atraer mágicamente, sino aprender a percibir y aprovechar lo que antes pasaba desapercibido. Hacer consciente lo inconsciente.


4) Actúa como si fueras: No hay cambio sin acción, aunque esta sea pequeña. La terapia cognitivo-conductual ha demostrado que modificar conductas genera cambios reales en la estructura y funcionamiento del cerebro (Beck, 1976).


Piensa en una persona que desea sentirse más segura socialmente, puede comenzar con acciones mínimas, como sostener contacto visual o saludar primero. Cada experiencia positiva refuerza nuevas conexiones neuronales asociadas a seguridad y autoeficacia. Así, el cerebro aprende a través de la experiencia vivida, no solo del deseo. Si lo que deseas fuera real para ti en tu vida, ¿qué acciones, decisiones y actitudes llevarías acabo?


5) Suelta y vive en tu presente: Desde la tanatología, es fundamental señalar que manifestar algo nuevo implica soltar identidades, creencias o historias pasadas. Todo cambio conlleva un duelo, aunque no siempre se reconozca como tal. El cerebro busca lo conocido, incluso si es doloroso, porque lo conocido es predecible. Vive tus duelos, deja de pensar en el pasado y cierra ciclos con los que te dolió para permite que el sistema nervioso se regule y se abra a nuevas posibilidades sin entrar en estados de amenaza o resistencia.


Cuando comprendemos cómo funciona nuestra mente, dejamos de luchar contra ella y comenzamos a convertirla en una aliada. Manifestar no es imaginar una vida distinta, sino aprender a crearla conscientemente, paso a paso, desde el interior hacia el exterior.

Espero que estos pequeños tips, aunque le quiten un poco de la magia y el misticismo, te lleven a manifestar mas y mejor la vida que mereces.
Siempre te diré que la vida que quieres existe pero que tienes que crearla con trabajo, sobre todo en ti. Cuando comprendemos de verdad el enorme potencial de tu psique entiendes porque trabajar en tus heridas, traumas y creencias es prioridad dado que ello es la base sobre la que construirás tu vida.


Te quiero ver viviendo la vida que mereces… y eso solo depende de ti. Yo te ayudo. A poner en práctica estos sencillos pasos y ser pleno y feliz.