El poder de tu feminidad

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Montserrat Montaño

Psicoterapeuta Tanatóloga

La feminidad ha sido interpretada durante siglos a través de lentes culturales, religiosos y sociales. Sin embargo, en el espacio terapéutico contemporáneo la feminidad ya no se concibe como un conjunto de estereotipos o roles impuestos, sino como una experiencia interna, dinámica y profundamente personal. Dicho de manera coloquial e insipirándonos en Barbie… se lo que quieras ser y elígelo libremente.

Es debido a la capacidad de elegir libremente que necesitamos más espacios seguros para reconectar contigo, con tu historia, con tu cuerpo y con la mujer que hoy estás eligiendo ser. Viajar de regreso a ti y cuestionarte y replantearte quien quieres ser.


Jung decía que “Lo que niegas te somete; lo que aceptas te transforma”. En mi trabajo terapéutico con mujeres, observo claramente que muchas veces la desconexión de la feminidad no proviene de falta de fortaleza, sino de experiencias de dolor, trauma o lealtades invisibles que limitaron la expresión auténtica del ser… un entorno que me limita o impide mi verdadera esencia. Me convierto en lo que esperan que sea o en lo que me dijeron que tenía que ser por ser mujer.


Desde la tanatología entendemos que no solo se elaboran duelos por pérdidas físicas, sino también por las versiones de nosotras mismas que aprendimos a abandonar para sobrevivir. Recuperar la feminidad es, en muchos casos, un proceso de duelo y resignificación. Cuantas veces no hemos escuchado a las mujeres limitarse o negarse oportunidades porque ahora le toca cumplir con los estándares tradicionales de un rol: mama, esposa, hija, mujer joven, mujer de la tercera edad.


Podemos empezar por entender que ese camino de regreso implica la comprensión de que la autocompasión y el amor propio son factores protectores frente a la ansiedad, la depresión y la autocrítica severa. La investigadora Kristin Neff, pionera en estudios sobre autocompasión, demuestra que tratarnos con amabilidad mejora la regulación emocional y fortalece la resiliencia.


Sabemos que el autoconcepto se construye a partir de pensamientos automáticos y creencias centrales. Estas moldean emociones y conductas. Cuando resignificamos esas creencias, transformamos nuestra experiencia de la realidad, la verdad y lo permitido.


Si una mujer ha interiorizado mensajes como “no soy suficiente” o “debo complacer para ser amada”, su identidad se verá afectada por esos esquemas. Muchas mujeres se sobre exigen, se minimizan o someten con tal de ser “dignas de amor” no solo por la pareja sino por los círculos sociales a los que pertenecen. “Las mujeres de esta familia, las mujeres de este grupo, una buena esposa, etc. son frases que anteceden a limitantes que te alejan, muchas veces, de tu verdadera feminidad. Si bien ninguna mujer se construye en aislamiento. Somos hijas, hermanas, madres, parejas, profesionales. Pero la identidad no debe quedar reducida a los roles.


Virginia Satir afirmaba: “La autoestima es el mayor regalo que podemos darnos a nosotros mismos y a nuestras familias”. Cuando una mujer fortalece su autoestima, transforma también como se relaciona con los demás y con ella misma y tiene un autoconcepto más realista y personal.
En muchos casos, las mujeres sostienen lealtades invisibles: repetir patrones de sacrificio, silencio o postergación aprendidos generacionalmente. Reconocer el valor más allá de los roles implica cuestionar esas dinámicas sin culpa, comprendiendo que elegir diferente no es traicionar, sino evolucionar. En consulta constantemente nos situamos en el contexto sociocultural en el que creció la paciente para ayudarle a comprender que, si bien esas creencias fueron verdad u operantes en su tiempo, no necesariamente lo siguen siendo y se trabaja el que cuestione y actualice sus creencias para poder disfrutar más la vida como mujer.


Muchas de esas creencias tienen que ver con el cuerpo femenino, el cual ha sido históricamente objeto de juicio, control o exigencia. Sin embargo, desde la neurobiología interpersonal sabemos que el cuerpo es el primer territorio de regulación emocional.


El psiquiatra Bessel van der Kolk, autor de investigaciones fundamentales sobre trauma, sostiene que “el cuerpo lleva la cuenta”. Las experiencias no procesadas quedan registradas somáticamente en ti.


Honrar el cuerpo no es solo aceptarlo estéticamente; es escucharlo, respetar sus ritmos, reconocer sus límites y su placer. La feminidad no es debilidad. Es intuición, creatividad, fuerza, sensibilidad y conciencia.

“Cuando una mujer se reconcilia con su cuerpo, se reconcilia con su historia.”
“La curiosa paradoja es que cuando me acepto tal como soy, entonces puedo cambiar” decía Carl Rogers. La autenticidad surge cuando dejamos de intentar cumplir expectativas externas y comenzamos a escucharnos internamente.
Darse permiso de sentir —sin minimizar, sin justificar— es un acto revolucionario. La libertad emocional implica reconocer la rabia sin culpa, el deseo sin vergüenza, la tristeza sin juicio. Reconocernos de manera integral, en nuestras luces y en nuestras sombras (o al menos lo que nos enseñaron a ver como sombra). En terapia observo que muchas mujeres fueron socializadas para priorizar la armonía externa sobre su verdad interna, para ser una mujer “sacrificada”. Reconectar con la feminidad es también reaprender a poner límites, a elegir y a disfrutar.
Para conmemorar el mes de marzo te dejo 5 mini tareas para recuperar todo tu poder.

  1. Identifica tus creencias heredadas: Escribe frases que aprendiste sobre “ser mujer”. Pregúntate: ¿de quién es esta voz? ¿Sigue siendo funcional para mí? ¿Por qué creencia más sana y funcional pudiera reemplazarla?
  2. Reprocesa experiencias que marcaron tu identidad: Si hay recuerdos que aún activan vergüenza o dolor, considera trabajar en terapia. Sanar memorias permite liberar la carga emocional asociada y reconstruir una narrativa más compasiva.
  3. Practica autocompasión diaria: Sustituye la autocrítica por diálogo interno amable. Háblate como le hablas a las personas que respetas y/o amas.
  4. Reconecta con tu cuerpo: Pregúntate: ¿qué necesita hoy mi cuerpo? Escúchalo y ayúdate integrando prácticas de conciencia corporal (respiración, yoga, movimiento, danza libre o meditación).
  5. Elige desde tu autenticidad: Antes de decir “sí”, pregúntate si ese sí es coherente contigo. Aprender a elegirte no es egoísmo; es responsabilidad emocional.

Por último, quiero pedirte que escribas en un papel lo que sabes de la historia de tu mamá, tu abuela y tu bisabuela. Una vez que lo haya hecho, reflexiona como ellas abrieron el camino para que tu vida fuera diferente a la de ellas, para que tengas los derechos y libertades que hoy tienes.
Es momento de recordar tu poder, se lo debes a esas mujeres que lucharon por lo que tu hoy tienes.
Te lo debes porque es tu derecho y porque ser mujer es algo hermoso.
Dedico este articulo a mi madre y a mi hermana… las 2 mujeres que más marcaron mi vida y me enseñaron la maravilla de ser mujer. Gracias por ser un gran ejemplo.