¿Eres de los que aguantan “todo” por amor?
Nos contaron de Romeo y de Julieta y crecimos idealizando el amor como un acto de entrega total. Lo que no nos contaron es que Julieta tenía 13 y Romeo 17, que su relación duro 5 días y resulto en 6 muertes. Un amor súbito, intenso, idealizado que pudiera entenderse a esa edad cuando la corteza prefrontal encargada de la toma de decisiones aún no está consolidada. Sin embargo, nos topamos con relaciones de adultos jugando a Romeo y Julieta, depositando todas sus carencias y necesidades en el otro y relacionándose desde la dependencia y el romanticismo toxico.
No me mal interpreten, el romanticismo puede ser sano y es una parte muy importante y bella en las relaciones de pareja, pero a lo largo de este articulo iremos descubriendo muchos actos de “romanticismo” que son en realidad control, violencia y dependencia.
El amor suele representarse como una entrega ABSOLUTA casi una fusión entre 2 personas y aquí comienza el problema. Al fusionarnos nos obligamos a dejar de “SER NOSOTROS MISMOS. Por “amor” dejas de lado tus hobbies, tus intereses, tus amigos, tus gustos, tus metas y te abandonas en el otro. Como terapeuta de pareja me gusta enseñarles que las parejas sanas pelean limpio. En una relación donde nunca hay diferencias siempre hay uno que se somete a otro. Estas diferencias enriquecen el vínculo y nuestras herramientas de vida. La comunicación asertiva, los limites sanos y la negociación permiten que, sin dejar de ser individuos, formemos un NOSOTROS.
Cuando cedemos constantemente, cuando “aguantamos todo por amor” nos sintiendo resentidos, frustrados, apagados y hasta perdidos. ¿Cuántas de las cosas que hacías antes de tu relación sigues haciendo?
Es normal hacer ajustes y adaptaciones para compartir mundo, pero asegurarte de no haber abandonado tu mundo para ir a vivir al del otro. ¿Aún escuchas la música que te gusta? ¿Qué tan seguido haces las cosas que te hacen feliz? ¿Cuántas de las cosas que hoy te gustan, son las cosas que al otro le gustan? Confundir el amor con dependencia es muy fácil. Se da poco a poco y casi de manera invisible. Ese punto de equilibrio ente cuidar tu individualidad y compartirte para crear una pareja es un trabajo de conciencia diaria.
En la realidad, la relación sana no se construye desde la necesidad extrema del otro, sino desde la capacidad de elegirlo libremente y COMO ES. No tienen idea cuantas personas viven infelices esperando “que el otro cambie” para ser feliz y que la relación sea sana. Amar es aceptar al otro como es, no como idealizamos que sería. Nadie está mal por querer lo que quiere, pero debemos tener presente que el amor no alcanza cuando lo que queremos es totalmente incompatible o amenaza nuestra integridad y bienestar.
Para comprender por qué algunas personas tienden a relaciones dependientes, es necesario mirar hacia la historia personal. John Bowlby desarrolló la teoría del apego, una de las bases más importantes para entender los vínculos afectivos. Él decía que los seres humanos tenemos la necesidad biológica de la conexión emocional. Los vínculos de nuestra infancia, en especial con papá y mamá moldean la manera en la que la persona percibe el amor, la seguridad y la cercanía en la adultez.
Necesitar a un otro pues, no es algo negativo en sí mismo, es parte de nuestra biología. Las personas buscamos cercanía y apoyo sobre todo en momentos de vulnerabilidad y estrés. El problema aparece cuando esa necesidad se convierte en la única fuente de identidad, valor personal y/o estabilidad emocional. Así, alguien con apego inseguro siente un miedo intenso al abandono, muestra hipervigilancia emocional y/o una necesidad constante de reafirmación afectiva. Frases como: eres mi razón de vivir, sin ti no soy nada, el amor nos va a salvar, si me amara lo suficiente cambiaria, aparecen en la escena.
La dependencia emocional ocurre cuando una persona no puede estar bien sin la otra, se caracteriza por un miedo intenso al abandono, dificultad para poner límites y una tendencia a priorizar al otro por encima de uno mismo. La dependencia NO ES UNA PRUEBA DE AMOR, es una forma de “pérdida del yo” o de enterrarme en vida.
Este tipo de vínculos suelen estar relacionados con carencias afectivas de la infancia, baja autoestima o miedo profundo a la soledad. Puede escalar a codependencia donde uno “necesita ser necesitado” y el otro “necesita ser salvado” creando un equilibrio emocional frágil donde se vive alrededor del síntoma que mantiene la dinámica de rescatador- rescate. Eso lo vemos por ejemplo en “kilos mortales” en donde cuando la pareja baja de peso (pierde la necesidad de rescate/dependencia), el rescatador sabotea la mejora o abandona la relación (necesita ser necesitado /controlar). La relación se basa en el desequilibrio. Este tipo de relaciones se caracterizan por el autoabandono emocional: priorizar al otro, incluso a costa del propio bienestar.
De nuevo, no me mal interpretes. Existe una dependencia sana o INTERDEPENDENCIA donde las personas se apoyan mutuamente SIN PERDER su individualidad. La diferencia está en si el vínculo suma o sustituye: “Acompañar sin rescatar”. Tienes dudas, solo pregúntate si tu vida personal o profesional ha mejorado, se ha estancado o ha empeorado desde que estás en esa relación. Si solo la vida de uno de los 2 está siendo potencializada… tienes tu respuesta.
Una relación sana implica cercanía emocional con autonomía personal. En este tipo de vínculos:
- Existe respeto por los límites individuales.
- La identidad personal se mantiene.
- Hay capacidad de estar solos sin angustia extrema.
- El amor no implica sufrimiento o sacrificio constante.
Identificar patrones es fundamental para intervenir a tiempo dado que estas dinámicas no solo dañan la relación, sino también la salud emocional, mental y física derivando en depresión, ansiedad, perdida de autoestima, etc. Algunas señales frecuentes son:
- Sentir ansiedad intensa ante la distancia o el silencio del otro.
- Dificultar para tomar decisiones sin aprobación externa.
- Idealización de la pareja.
- Tolerancia a conductas que generan daño emocional.
- Creer que el amor implica sacrificio constante o duele.
DESIDEALIZAR el amor no lo vuelve menos valioso, lo vuelve más real. Las relaciones sanas no están exentas de conflicto, crisis o necesidad, pero si se construyen desde la libertar y la elección y no desde el miedo.
AMAR, en su forma más madura, no es necesitar al otro para existir, sino elegirlo porque le suma y le viene bien a lo que en mi individualidad construí por y para mí. El verdadero vínculo no encadena, acompaña.
Te deseo de todo corazón que tengas una relación sana y vivas la experiencia de ser dos sin dejar de ser uno. La aportación de una relación sana a tu vida es un fruto que vale la pena cosechar. No se da por generación espontánea y se necesita de 2 dispuestos a hacer lo necesario y a sanar su historia personal para no depositarla en el otro. El amor es la fuerza que mueve al mundo. Vive una vida llena de amor, por ti y por los otros y recuerda que el amor no está solo en la pareja, sino en todos los que te rodena y en la persona que a diario te ve en el espejo.