Propósitos 2026: el autosabotaje silencioso que aparece cuando el año avanza

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Iván Lavín

Consultor e Instructor Empresarial

Cada inicio de año llega con una energía particular. Enero nos regala entusiasmo, esperanza y una versión optimista de nosotros mismos. Es el mes de los propósitos, de las promesas personales, de las listas que escribimos convencidos de que ahora sí las cosas serán diferentes. Decimos que este será el año de la disciplina, del crecimiento profesional, de la salud y del equilibrio entre trabajo y familia.

Sin embargo, conforme avanza el calendario, algo ocurre. No de manera abrupta ni consciente, sino silenciosa. Los propósitos comienzan a diluirse. No porque no los queramos cumplir, sino porque regresamos al piloto automático.

La mayoría de las personas no abandona sus metas de forma deliberada. Simplemente se deja absorber por la rutina, por las urgencias del día a día, por el cansancio acumulado y por la presión constante de “sacar la chamba”. En ciudades productivas como Torreón, donde el trabajo duro es parte de nuestra identidad, solemos confundir estar ocupados con estar avanzando.

Uno de los grandes errores al iniciar el año es confundir deseos con propósitos. Querer algo no es lo mismo que decidir algo. Un propósito real implica estructura, agenda y, sobre todo, incomodidad. Si no nos exige cambiar hábitos, probablemente no sea un propósito, sino solo un buen deseo de enero.

El autosabotaje aparece cuando dejamos para después lo que dijimos que era importante. Frases como “cuando tenga tiempo” se convierten en la excusa perfecta. La realidad es clara: el tiempo no aparece, se diseña. Lo que no se agenda, no sucede.

También influye un factor del que poco se habla: el miedo silencioso al cambio.

Cumplir ciertos propósitos implicaría poner límites, tener conversaciones incómodas, modificar dinámicas laborales o personales que ya conocemos. Y el cerebro, diseñado para protegernos, suele preferir lo familiar antes que lo correcto.

Otro error frecuente es querer cambiarlo todo al mismo tiempo. Salud, finanzas, trabajo, relaciones y desarrollo personal en un solo mes. El resultado suele ser frustración y abandono. El cambio sostenible no es heroico; es progresivo.

Además, confiamos demasiado en la motivación y muy poco en los sistemas. La motivación es volátil; los sistemas sostienen el cambio cuando el entusiasmo desaparece. Rutinas claras, indicadores simples y espacios protegidos en la agenda marcan la diferencia entre un propósito que se abandona y uno que se mantiene.

Tal vez el verdadero reto de 2026 no sea plantearnos más metas, sino vivir con mayor consciencia. Preguntarnos con honestidad, cada semana, si lo que estamos haciendo nos acerca o nos aleja de la vida que dijimos que queríamos construir este año.

Porque al final, el año no nos falla. Somos nosotros quienes, sin querer, dejamos de elegirnos.