Migraña

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Dr. Jose Luis Mendizabal

Neurólogo

Zeus, el dios padre de los griegos, Júpiter para los romanos, un día acusó un intenso e insoportable dolor en su cabeza (Cefálea). Hefestos, Vulcano para los romanos que era el herrero de los dioses, deforme pero casado con la más hermosa de las diosas, Afrodita, Venus para los romanos tomó liderazgo del artesano neurocirujano oculto que tenía dentro y con un hachazo realizó una de las primeras craneotomías de la historia. 

De la descomunal cortada nació Palas Atenea, Minerva para los romanos la diosa de la sabiduría. La importancia de esta narración mitología es para hacer énfasis que la migraña que deriva de la etimología del griego, Hemicránea y que ya desde esos tiempos inmemorables se reconocía como una enfermedad importante. En la actualidad, aunque nunca se ha considerado una enfermedad que ponga en peligro la vida de los pacientes, sí es de las enfermedades que más interfieren y lastiman sus ámbitos familiar, social y laboral, siendo la causa de mayor ausentismo en el trabajo a nivel mundial.

Para el sistema de salud de EEUU representa la enfermedad que más perdidas económicas absorbe. Afecta entre el 14% de la población en México siendo más prevalente en los años más productivos de la vida laboral de las personas; afecta a tres mujeres por cada hombre, es de trasmisión genética evidente y es sufrida en un 20% desde de la infancia.

La migraña, también llamada jaqueca en español y mal nombrada neuralgia por algunas personas, es la segunda causa de dolores de cabeza, sólo después de la cefálea tensional, la cual abarca el 90% de la frecuencia de todas las cefáleas y que una gran mayoría de la población mundial la ha padecido. Alcanzando el 5% de ese 90% en su variante crónica o diaria.

La migraña es una enfermedad de origen vascular cerebral desencadenada en pacientes sensibles genéticamente al manejo de la tonicidad vascular. Los más frecuentes factores son: el estrés, la privación del sueño, la omisión de las comidas o la ingesta de alimentos con sustancias que pueden precipitar dichas crisis agudas o crónicas de dolor, como el alcohol derivado de uva, los chocolates, los conservadores alimenticios, los cuales cada paciente en lo particular, para evitar dichas crisis episódicas, debe investigar, y qué condiciones alimenticias, climáticas, alérgicas, tóxicas, aromáticas etc., en su particular caso precipitan el dolor.

Todos esos factores activan y sensibilizan las vías del dolor trigémino-vascular, es decir los nervios sensoriales que inervan la vasculatura craneal interna y externa, donde se liberan sustancias llamadas neuropéptidos que también activan los núcleos del tronco cerebral y el diencéfalo. Todo esto hace al migrañoso ser muy sensible a los estímulos luminosos, auditivos o sensitivos, no sólo durante la crisis de migraña sino antes y después de ella, a veces muchos días antes o después. El migrañoso con esta activación sensorial genera una depresión neuronal cortical, que se propaga desde regiones occipitales como una ola manifestada por puntos luminosos cegadores, que crecen y pueden provocar cortinas en el campo visual de ceguera parcial, torpeza mental, dificultad para hablar o comprender el lenguaje, debilidad o hiposensibilidad de una extremidad.

De esta manera el cuadro de migraña característico que hace el diagnóstico contiene 4 etapas:

1. Pródromos o síntomas premonitores que pueden presentarse 72 horas antes con irritabilidad, bostezos, fotofobia, retención de líquidos, etc.

2. Aura visual, en la mayoría como una mancha ciega o centelleante que va creciendo en el campo visual, hormigueos en cara o cuerpo crecientes y progresivos, confusión mental o dificultad para hablar y todas las auras que representan una deficiencia sensorial o motora según el sitio de la sensibilidad del tono vascular que sufren previas al inicio del dolor.

3. Dolor de cabeza (cefálea) pulsátil semejando el latido de una arteria en hemicránea en un 60%, ya que puede ser bilateral en el otro 40% y, acompañándose de fotofobia, sonofobia, cinefobia y síntomas autonómicos como náuseas o vómitos, marcha desequilibrada y que puede agravarse con la actividad física.

4. El posdromo muy descuidado en su tratamiento, que puede ser un nuevo disparador de la migraña provocando su cronicidad consistente en cansancio, falta de concentración, rigidez de nuca, etc. y muchos otros síntomas más, parecidos a la etapa prodrómica.

El diagnóstico se hace con la mayoría de los pasos arriba mencionados y de ahí la necesidad que el médico realice una buena historia y exploración física para descartar dolores de cabeza tan diversos, que acompañan a las enfermedades de todo el organismo o propias del cráneo: como sinusales, tensionales, oftálmicas, de articulación temporo-mandibular y enfermedades dentales, músculo-esqueléticas del cuello, hipertensión arterial y alteraciones cardiacas y claro está, tratar de descartar procesos tumorales e inflamatorios cerebrales que pueden muchos de ellos manifestarse con cuadros que semejan la migraña o la cefálea tensional. Es decir, la migraña no debe olvidarse que es un diagnóstico de exclusión al descartar infinidad de causales, que a diferencia de la migraña, pueden poner en peligro la vida o la calidad de vida.

El tratamiento estará encaminado a la prevención sobre todo cuando los episodios cada vez son más frecuentes, incapacitantes y que el abuso de fármacos puede afectar el sistema reno vascular, gastrointestinal o hepático. Se empieza a investigar, desde qué alimentos o situaciones son desencadenantes en cada individuo en lo particular y cómo evitarlos. Esto corresponde al paciente y al médico como guía para descubrir, lo que, para mí a lo largo de mi práctica médica representa el 50% del control de este tipo de enfermedad.

Posteriormente se buscarán fármacos que aborten el dolor de cabeza en sus síntomas premonitores o iniciales, ya que la prontitud del tratamiento repercutirá directamente en el mejor control del episodio doloroso. Siempre también eligiendo los fármacos más inocuos para ir escalando a los más agresivos o con mayores efectos colaterales. Sirve saber la historia familiar y cuáles son los fármacos con lo que los familiares han logrado tener un mejor control. Cuando el paciente presenta un estado migrañoso, es decir, un estado de continua migraña o episodios tan frecuentes como 3 a 4 veces a la semana o al mes, pero que llegan a ser incapacitantes por periodos de 8 a 72 horas, en muchas ocasiones habrá la necesidad de tomar fármacos preventivos que no debe atemorizar al enfermo la cronicidad de su uso, ya que muchas veces es peor el abuso de fármacos de la familia de los AINEs (AntiInflamatorios No Esteroideos), opioides o sedantes. Todo dependerá en particularizar a cada paciente y qué importante papel juega la migraña dependiendo la actividad que desarrolla el paciente y la interferencia que la migraña provoca en su buen desempeño o la irresponsabilidad que puede provocar laboralmente de acuerdo al trabajo que el paciente desempeña: chofer de autobús urbano, piloto aviador, cirujano etc.

Este artículo, dado lo multifactorial y difundido de ésta enfermedad dejará multitud de dudas y no podrá responder ni un 10% de éstas, que ya se tenían o las nuevas que puede despertar, pero lo importante es dejar sembrada la inquietud para enfrentar ésta entidad tan importante de nuestra existencia y de la cual existen tantas mitologías que evitan su comprensión y verdadera dimensión.