Dos minutos
Hace algunas semanas volví a ver a una de esas personas que la vida te brinda la oportunidad de conocer para que sepas que no todos los ángeles tienen alas. Caminan entre nosotros…
Hace algunas semanas volví a ver a una de esas personas que la vida te brinda la oportunidad de conocer para que sepas que no todos los ángeles tienen alas. Caminan entre nosotros…
Existe un duelo invisible que atraviesan cuando, en el intento de cumplir con las expectativas sociales, familiares y culturales, van dejando atrás partes esenciales de sí mismas.
Parece que fue ayer cuando abrí un cuaderno para vaciarme en sus páginas. En ese momento no tenía idea del mundo que se abriría para mí. Fue como un impulso, casi un instinto, como el que nos empuja a buscar la luz del sol en los días de invierno.
Al nacer, tu entorno y tus padres te fueron moldeando para ser lo que “debes ser”. Te fueron enseñando, para bien y a veces para mal, lo correcto e incorrecto para poder ser una persona de bien desde su realidad y desde lo que les enseñaron a ellos.
Esta reflexión me llevó a cambiar mi perspectiva y mi relación con el sufrimiento en mi vida. En lugar de solo verlo como algo negativo o malo, comencé a considerar la posibilidad de que el dolor puede ser una puerta hacia la oportunidad de llegar a un crecimiento personal.